Precalentamos el horno a 175ºC y forramos un molde de tarta de 15-18 cm con papel de hornear (ver nota).
Mezclamos la harina, la levadura química, el bicarbonato y las especias y la sal en un bowl.
En otro bowl, mezclamos los huevos, el puré de calabaza asada, los azúcares y el aceite de girasol y la vainilla y batimos hasta conseguir que sea homogéneo (no hay que montar).
Tamizamos los ingredientes secos sobre la masa líquida, y los mezclamos con una lengua o una cuchara, alternando con el buttermilk, hasta que se integre toda la harina, pero sin batir ni mover en exceso, para que no desarrolle gluten y el bizcocho no quede gomoso.
Repartimos la masa en capas de 210 gramos o lo cocemos todo junto, según prefiramos (ver nota). Las capas tardan en cocerse de 15 a 17 minutos. Si cocemos toda la masa junta, tardará unos 30 minutos. Podemos comprobar que está lista insertando un palillo o un cuchillo y comprobando que sale limpio.
Desmoldamos y dejamos enfriar boca abajo, para que la superficie, que tendrá forma de cúpula se aplane. Esto nos ayudará a la hora de montar nuestra tarta.
Los bizcochos se pueden congelar una vez fríos, y de esta forma al decorarla se desmigarán menos.